martes, 12 de diciembre de 2006

Acompañándonos


¿Cómo acompañar a alguien que transita el camino de la infertilidad?, pregunta difícil si las hay ¿no?.
Cuando me pregunto como acompañar a otros en este camino tan áspero simplemente pienso como me gusta que me acompañen a mí.
Claro está que cada ser humano tiene sus preferencias al respecto, a algunos les gustará que muchas personas se acerquen y los consuelen como en una tribu, que los llamen, los abracen y los llenen de palabras; a otros les gustará quedarse en soledad sin ser acosados ni colmados de palabras; otros preferirán una o dos palabras y ya...y así hasta el infinito, porque cada uno de nosotros es un ser único e irrepetible.
¿A mí?, a mí diría que me gustan los consuelos...austeros, sutiles, un par de palabras y mucho de eso que yo llamo "silencio presencial", estar sin molestar.
Ayer por la tarde una persona muy querida, a la que casi puedo empezar a llamar "amiga", recibió un nuevo golpe en su tratamiento de fertilidad. Yo decidí no molestar, no necesité llamarla para preguntarle como les había ido, ya lo sabía por la falta de noticias, entonces: ¿con que fin iba yo a llamarla el mismo día de la noticia?, les respondo: pura curiosidad morbosa.
Entonces preferí dejar pasar al menos una noche y llamarla hoy por la mañana simplemente para hacerle saber que acá estoy para lo que necesite.
Y ese, creo yo humildemente, es el mejor acompañamiento que ustedes, queridos lectores, pueden hacerle a alguien que está transitando el camino de la infertilidad, el de estar sin molestar, el de esperar a que el/la interesado/a acuda a ustedes en busca de palabras, de consuelo, de abrazos...no se abalancen desesperadamente sobre quienes sufren porque ahogándolos no se ayuda, se hunde.

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