Llámese Di´s, Shiva, Adonai, Alá, Buda... Destino... o como quieran llamarlo, pienso que hay un Plan Maestro para cada uno de nosotros.
Ese plan ya ha sido diseñado, y no estoy diciendo que en la vida no hay nada que podamos hacer para cambiar nuestro destino, no. Estoy pensando en un Plan Maestro que tiene un piso y un techo, y en el espacio entre ambos uno puede moverse por la vida e ir eligiendo, si quiere alcanzar su Plan de máxima... o el de mínima. Si quiere esforzarse y jugársela cuando hay que jugársela, o simplemente... hacer la plancha.
Les cuento estos pensamientos porque hoy fue un día NO (como diría un adorable y perdido amigo de la vida), hoy fue un día NO porque otra vez no logramos nuestro sueño de ser padres y, obviamente, la tristeza siempre acude en estos momentos, pero hoy me siento distinta.
Una amiga que sabe de estos temas me dijo hoy que el segundo golpe duele menos que el primero y que el tercero... mejor ni me cuenta.
Pero yo sé porqué estoy distinta, y quiero compartirlo con ustedes porque tal vez puedo darle una mano a alguien que esté pasando por un momento difícil y lo necesite.
Estoy distinta porque comprendí la diferencia entre la tristeza y la frustración.
Generalmente soy una persona que ante las dificultades de la vida se frustra. La frustración es súmamente tóxica, nos sumerge en un mar de broncas, resentimientos, autoengaños, culpas, y toda clase de sentimientos que se parecen más a un pantano que a otra cosa.
La tristeza, en cambio, es una de las emociones básicas, y es la que nos permite atravesar los duelos sanamente. La tristeza nos ayuda, incluso fisiológicamente, a relfexionar, deprime nuestros sistemas básicos para que podamos realizar nuestros duelos correctamente.
Y yo estoy triste, es cierto, pero también estoy en paz conmigo misma porque en este camino que me tocó caminar estoy dando todo de mí, tratando de cumplir con mi Plan de máxima aunque, en mi Plan, haya figurado que hoy...era un día NO.

