domingo, 25 de febrero de 2007

El laberinto

Con días hacia arriba y otros hacia abajo, el camino que me tocó transitar para llegar a mi maternidad se parece a un laberinto.
Y no es precisamente un laberinto como aquel famoso colmado de nieve y pánico que conocimos en "El resplandor". Tampoco es un laberinto lleno de monstruos surrealistas y pruebas de valor como el de David Bowie en "Laberinto"... es un laberinto que podría ocultarse en el jardín de cualquier casa, con temporadas florecientes y otras de hojas caídas. Un laberinto.
En mi laberinto el proyecto de la maternidad está siempre presente, pero por momentos me distraigo en alguna que otra curva y logro concentrarme en algo distinto, una flor atrapa mi atención y por las ramas espinosas no me lastiman.
En otras ocasiones no hallo nada que me distraiga y las espinas empiezan a lastimarme realmente, hieren la piel, siguen con la carne y llegan hasta lo más profundo de mi ser, lastimando, hiriendo, desgarrando.
Y me encuentro caminando en círculos interminables que opacan mi humor.
¿Cuando lograré salir de este laberinto?
Supongo que todos sabemos la respuesta.